sábado, 31 de enero de 2026

LA VIDA DEL HOMBRE: CONOCER Y AMAR A DIOS

 1. Dios, infinitamente Perfecto y Bienaventurado en si mismo, en un designio de pura bondad ha creado literalmente al hombre para que tenga parte en su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, está cerca del hombre. Le llama y le ayuda a buscarlo, a conocerle y amarle con todas  sus fuerzas.  Convoca a todos los hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la iglesia.  Lo hace mediante su hijo que envió como Redentor y Salvador al llegar a la plenitud de los tiempos.  En EL y por El, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada.  

2. Para que esta llamada resuene en toda la tierra, Cristo envió a los apóstoles que había escogido, dándoles el mandato de anunciar el Evangelio: ¨Id, pues, y hacer discipulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y el del hijo  y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.  Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo¨ (Mt 28, 19-20). Fortalecidos con esta misión, los apóstoles ¨salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos, y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban¨ (Mc 16, 20).

3.  Quienes con la ayuda de Dios han escogido el llamamiento de Cristo y han respondido libremente a ella, se sientan por su parte urgidos por el amor de Cristo a anunciar por todas partes en el mundo la Buena Nueva. Este tesoro recibido de apóstoles ha sido guardado fielmente por sus sucesores.  Todos los fieles de Crsito son llamados a transmitirlo de generación en generación, anunciando la fe, viviéndola en la comunión fraterna y celebrándola en la liturgia y en la oración.

PROLOGO

 ¨Padre, ésta es la vida eterna: que te conozca a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo¨ (Jn 17, 3).  ¨Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad (1 Tim 2, 3-4). ¨No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos¨(Hch 4, 12), sino el nombre de JESÚS.


Fin y Destinarios de este Catecismo

 11. 12